Con un vídeo que se hace viral en Redes Sociales

Sanosil publica una guía ayudar a las empresas de transporte con este problema

Aviones, barcos, trenes y otros medios de transporte almacenan el agua para consumo humano en depósitos de fibra de vidrio. El agua se utiliza para el lavado de manos, el abastecimiento de los saneamientos y para preparar bebidas durante el trayecto.

Recientemente, un video publicado por una azafata de vuelo en la Red Social Tik Tok ha levantado las alarmas. En el post previene a los usuarios de consumir cualquier líquido que no esté envasado dentro de un avión porque, según afirma, ni los depósitos ni las máquinas de agua caliente se desinfectan.

Los aviones no son los únicos que se enfrentan al reto de la contaminación del agua. Si bien es cierto que los grandes cruceros tienen sistemas de auto abastecimiento y depuración de aguas, no ocurre lo mismo con las embarcaciones más pequeñas. Éstas sí utilizan depósitos de agua potable para su almacenamiento, al igual que los trenes, autobuses y otros medios de transporte. Una ineficiente desinfección conlleva el riesgo de contaminación por patógenos del agua de consumo. Un estudio realizado por el CUNY Hunter College NYC Food Policy Center afirma que el agua para consumo humano de las aerolíneas presenta bacterias como el E.coli y bacterias coliformes. Estos microorganismos pueden provocar síntomas como náuseas, vómitos, diarrea y calambres estomacales, dolores de cabeza, fiebres.





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En la superficie de los depósitos de agua de barcos, trenes, caravanas, etc., -explica Carmen Antolinos, DirectoraTécnica Biocidas de Sanosil- se forman biopelículas en poco tiempo. En estas capas de biopelícula se pueden reproducir microorganismos y contaminar el agua. Las capas de biopelícula ofrecen una protección excelente frente a los factores medioambientales y desinfectantes como el cloro”. “Cuando se registra un importante crecimiento de biopelícula, -añade- la desinfección con cloro resulta prácticamente inútil, porque no elimina la biopelícula de manera fiable”.

En el interior de los depósitos de agua, los filtros y las tuberías, los microorganismos encuentran un hábitat idóneo: hallan nutrientes, temperaturas adecuadas y, sin una adecuada desinfección, vía libre para desarrollarse con la consiguiente formación de dicha capa protectora llamada biopelícula. Esta protección impide a los biocidas acceder a las capas interiores de bacterias vivas, convirtiéndolos en una amenaza muy resistente.

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Las biopelículas, además, hacen que las bacterias se muestren muy resistentes a factores agresores como lo son algunos desinfectantes. Esto productos son doblemente desaconsejables, porque, por un lado, no eliminan las biopelículas y por otro, suelen conducir a las bacterias a estado BVNC. Esto significa que, aunque la bacteria está viva, no se reproduce. Está como aletargada, esperando el momento propicio para volver a infectar el agua de consumo humano. Sin embargo, es indetectable porque al no reproducirse no se pueden hacer cultivos, que son la forma de analizar la calidad del agua.

Los medios de transporte necesitan desinfectantes eficaces, sencillos de aplicar, que no dejen residuos tóxicos y que no deterioren los materiales. “Los procesos de desinfección más utilizados en la actualidad -explica la doctora Antolinos- están basados en químicos a base de cloro. Procesos que cuentan con muchos inconvenientes: son largos, requieren una tasa elevada de mano de obra, alteran las cualidades organolépticas del agua y son muy agresivos con los materiales, acelerando el deterioro de los equipos y depósitos de agua potable”.

La solución, como concluye la directora técnica de Sanosil, pasa por seguir los protocolos exigidos por la legislación, pero llevados a cabo con desinfectantes que no dejen residuos tóxicos, hayan demostrado ser realmente eficaces. Tienen que poder provocar la muerte celular completa de los patógenos, sin estado BVNC y eliminar las biopelículas, todo ello respetando los materiales.